En las últimas décadas, pocos asuntos han adquirido tanta relevancia en el debate público y económico como la gestión del agua. La intensificación de las sequías, de las olas de calor y de los eventos meteorológicos extremos está alterando la disponibilidad y la gestión de los recursos hídricos. En este contexto, la desalación emerge como una herramienta estratégica. No solo asegura recursos donde el agua escasea, sino que se ha consolidado como un mercado resiliente, capaz de adaptarse a los cambios y de ofrecer soluciones innovadoras ante escenarios cada vez más inciertos. Pero también debe transformarse para responder de forma ágil, sostenible y alineada con los nuevos escenarios climáticos.
